Soy Iris Semper, psicóloga sanitaria colegiada, especializada en trastornos psiquiátricos severos —entre ellos la esquizofrenia— desde hace más de 6 años. He acompañado tanto a personas con este diagnóstico como a sus familias, primero en una asociación de salud mental en Terrassa y ahora en mi consulta de Sant Cugat del Vallès, presencial y online. En esta página encontrarás información clara sobre qué es la esquizofrenia, cómo se manifiesta, y cómo trabajo tanto con quien tiene el diagnóstico como con quien lo acompaña.
Qué es la esquizofrenia
Un trastorno que afecta a cómo se percibe la realidad. Pueden aparecer alucinaciones (oír o ver cosas que no están ahí) y delirios (creencias muy fijadas que no encajan con la realidad, como sentirse perseguido o vigilado), además de dificultad para organizar el pensamiento y expresarlo con claridad. Suele cursar en episodios —brotes—, que pueden alternar con periodos de mayor estabilidad.
Síntomas y señales de alerta
- Alucinaciones: oír voces o percibir cosas que otros no perciben.
- Delirios: ideas muy arraigadas que no se corresponden con la realidad.
- Discurso o pensamiento desorganizado, difícil de seguir.
- Aislamiento social progresivo.
- Aplanamiento emocional: menos expresividad, menos motivación e iniciativa.
- Descuido de la higiene o de rutinas básicas.
- Dificultad creciente para mantener estudios o trabajo.
Cómo afecta al día a día
Durante un episodio, la confusión y la desconfianza hacia el entorno pueden hacer muy difícil mantener relaciones, rutinas o responsabilidades. Fuera de los episodios, en los periodos de mayor estabilidad, muchas personas llevan una vida bastante normalizada: trabajan, estudian, mantienen relaciones. La esquizofrenia no es un estado fijo, es algo que fluctúa.
Mitos y creencias erróneas
- «Es tener doble personalidad.» No, la esquizofrenia no tiene relación con el trastorno de identidad disociativa. Afecta a la percepción de la realidad, no genera varias personalidades.
- «Las personas con esquizofrenia son peligrosas.» La inmensa mayoría no lo son. De hecho, tienen más probabilidades de ser víctimas de violencia que de ejercerla.
- «No se puede llevar una vida normal con este diagnóstico.» Con tratamiento y apoyo adecuado, muchas personas llevan una vida estable: trabajan, tienen pareja, mantienen proyectos propios.
- «Es culpa de cómo la familia ha educado a la persona.» Es un trastorno con base biológica y multifactorial, no un fallo de crianza.
Cómo lo trabajamos
Ayudamos a la persona a entender qué le está pasando, sin dramatizar ni minimizar. Trabajamos herramientas para manejar la ansiedad y la desconfianza que generan los síntomas, la relación con el tratamiento desde la comprensión —no la imposición—, y la recuperación de autonomía y rutinas. No sustituyo el seguimiento psiquiátrico ni la medicación: coordino el trabajo terapéutico con el equipo médico cuando hace falta.
Descubre como podemos trabajarlo
Cómo afecta a los familiares
Suele generar mucho miedo, incertidumbre y sensación de estar en alerta constante: no saber si se está tomando la medicación, aislarse por no saber cómo actuar delante de otros, o entrar en conflicto sobre cómo gestionar un brote.
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Cómo pueden ayudar los familiares
- Aprender a reconocer las señales tempranas de un posible brote.
- Mantener una comunicación calmada, sin confrontar directamente un delirio o una alucinación.
- Apoyar la adherencia al tratamiento sin imponerla ni convertirlo en un enfrentamiento constante.
- Cuidar el propio desgaste: pedir ayuda, no cargar con esto en soledad.
- Mantener rutinas y límites claros en casa, que dan estructura tanto a la persona como a la familia.
- Buscar apoyo profesional también para vosotros, no solo para quien tiene el diagnóstico.
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Si te reconoces o simplemente notas que hay algo que no te gusta como funciona en ti o en alguna persona que te importa, escríbeme y lo trabajaremos